Wilfredo tiene 38 años y vive en un pequeño municipio en el departamento de Escuintla, Guatemala. Trabaja como enfermero voluntario, dirige una farmacia, y también una peluquería. El año pasado, Wilfredo participó en los talleres para hombres que ALAS brindó en su comunidad. Debido a que los temas tratados en los talleres le parecieron muy importantes, Wilfredo se ofreció para ser un multiplicador para el Programa de ALAS Hombres y fue capacitado en enero de 2009. Actualmente, él está trabajando en su comunidad para brindar información sobre la salud reproductiva, los métodos de planificación familiar, y las infecciones de transmisión sexual; al mismo tiempo vende preservativos a un bajo precio. El mes pasado, le ayudó a un hombre joven quien tenía una infección de transmisión sexual a encontrar una clínica en dónde pudiera recibir tratamiento, y le brindó información sobre cómo protegerse en el futuro. Durante el 2009, ALAS estará capacitando a más multiplicadores como Wilfredo quienes asumen el compromiso de ayudar a sus comunidades por medio de la educación de salud reproductiva.
Porfiria es una vendedora callejera de 32 años de edad y madre de seis hijos. Su esposo está viviendo en EE.UU., pero tiene planeado volver a Guatemala pronto. El inminente retorno del esposo motivó a Porfiria a desear una ligadura de trompas, pues pensaba que su situación económica no les permitiría dar sustento a más hijos. Ella escuchó del trabajo de ALAS por medio de la organización socia APROFAM. Inicialmente, el esposo de Porfiria no apoyaba su decisión de ligarse las trompas. Él había escuchado decir a la gente que las mujeres que usaban la planificación familiar eran más promiscuas. Sin embargo, y luego de una larga discusión acerca de su futuro, Porfiria y su esposo decidieron que ella debía proceder con la cirugía. Porfiria hoy siente que podrá disfrutar de mayor libertad en su relación sexual con su esposo, pues los embarazos no planeados ya no son un riesgo. Ella espera que sus hijos puedan alcanzar un nivel mayor de educación que el que ella o su esposo tienen y que sobresalgan en sus estudios y no se aparten por las drogas o las pandillas. Por su experiencia, Porfiria se ha convertido en una fuerte colaboradora del trabajo de ALAS en la comunidad. Ella ha dado charlas ante incontables mujeres acerca de su operación y las anima a que piensen en planificar sus propias familias.
Alba, 32, ya tenía cinco hijos para cuando, recientemente, decidió ligarse las trompas. Desde su pequeña aldea, Alba tuvo que caminar unas cinco millas hasta Yepocapa, en donde ALAS había ayudado a coordinar una clínica móvil para brindar esterilizaciones voluntarias de bajo costo. Aunque ella había querido que le practicaran esta operación desde hace casi un año, no había tenido los recursos económicos para hacerlo. El esposo de Alba es agricultor y le da Q180 (unos US$24) a la semana para proveer a la familia de ocho. Afortunadamente, debido a que ALAS subsidió su operación, Alba pudo al fin tomar el control de su vida reproductiva. “Doy gracias a Dios por la ayuda que ALAS me ha dado,” dijo ella.
Luz es una enfermera y promotora de planificación familiar en Zaragoza. Tiene 28 años y trabaja con ALAS hace dos años para proveer educación de planificación familiar y métodos anticonceptivos de corto plazo a miembros de su comunidad. Sus experiencias trabajando como voluntaria para un grupo de jóvenes le dió la inspiración de unirse a la red de promotoras de ALAS. Se dió cuenta de que los jóvenes con quienes trabajaba tenían poco conocimiento de la salud sexual y reproductiva, y no podían protegerse de infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados. Ahora, la gente en su comunidad sabe que Luz ofrece información y métodos anticonceptivos a bajo precio, o gratis si las personas no cuentan con los recursos para comprarlos. Ellos se sienten más cómodos con ella que visitando una de las cuatro farmacias locales, ya que la planificación familiar sigue siendo un tema estigmatizado en la comunidad. Luz cree que estos servicios no solo ayudan a la gente a un nivel individual, pero además contribuyen al desarrollo de Guatemala a largo plazo, al reducir la pobreza y ayudar a las familias a manejar sus escasos recursos.