María, 60, es comadrona. Es viuda y madre de tres hijos mayores. Siempre supo que debía hacerse una prueba de Papanicolau, pero por limitaciones financieras, nunca pudo costeárselo. Cuando escuchó un anuncio radial acerca del accesible examen VIA/Crio de ALAS, asistió a una clínica móvil de ALAS. María siente que como comadrona ella tiene una obligación ante las mujeres de su comunidad (pues la mayoría de ellas no están conscientes de los peligros del cáncer cervical) de darles un buen ejemplo al realizarse el examen. Durante su visita a ALAS, María también aprendió acerca de una variedad de métodos de planificación familiar que no estaban disponibles cuando ella atravesó sus años de edad fértil. Está agradecida con ALAS por brindar servicios accesibles, pues reconoce que muchas mujeres en su comunidad se beneficiarán de ellos.
Hilda es una mujer de 27 años de edad que vive con su esposo y sus dos hijos. Aunque Hilda es una secretaria bilingüe capacitada, su esposo no le permite trabajar fuera de casa. Hilda supo de ALAS cuando llevaba a sus hijos a una cita médica en el centro del pueblo. El doctor animó a Hilda a participar en la próxima visita de ALAS, en donde una enfermera realizaría exámenes para detectar cáncer cervical y entregaría los resultados ese mismo día. Hilda nunca había sido examinada para detectar cáncer cervical, pero sí pensaba asistir porque le resultaba conveniente; ALAS llegaría al centro del pueblo. Además, su madre le dijo que ella se realizaría un examen. La motivación determinante, sin embargo, fue cuando Hilda recordó que una mujer en un pueblo vecino había muerto hacía poco de cáncer cervical, mismo que no había sido detectado en seis meses. Antes de llegar a ALAS para ser examinada, Hilda no sabía mucho acerca del procedimiento. Ella había escuchado que las pruebas de Papanicolau significaban que quitaban el útero para drenarle los fluidos, lo limpiaban y luego lo insertaban nuevamente. Afortunadamente, Hilda está más informada acerca del examen y entiende cuáles son los riesgos del cáncer cervical. La experiencia de Hilda con ALAS cambió su vida. Su prueba mostró crecimiento celular precanceroso, mismo que fue removido con crioterapia. “Pienso que voy a ser mucho más responsable y cuidadosa conmigo misma ahora, pues sé que mi salud depende de ello,” dijo a un integrante del personal de ALAS. La vigilancia de Hilda es vitalmente importante si desea realizar el sueño de ver a sus hijos crecer felices. Ahora con los servicios de ALAS, Hilda tiene mejor información y más opciones para cuidar y dar seguimiento a su salud.
María Antonia, 44, ha estado embarazada 14 veces, con tres abortos espontáneos y tiene nueve hijos vivos. Ella llegó a ALAS luego de haber esperado en vano durante tres meses por los resultados de la prueba de Papanicolau de su clínica de salud local. Cuando supo que ALAS llevaba a cabo exámenes y entregaba los resultados el mismo día, decidió ir a hacerse la prueba otra vez. Fue muy afortunado que decidiera hacerlo, pues los resultados mostraron que tenía cáncer cervical. En un plazo de veinticuatro horas, la enfermera de cáncer cervical de ALAS llevó a María al hospital para recibir tratamiento de radioterapia. Ahora María desea compartir su historia con otras mujeres de su comunidad para que ellas entiendan cuáles son los riesgos del cáncer cervical y decidan hacerse las pruebas.